Crímenes contra periodistas en América: Solo similar a lo que ocurre contra sacerdotes.

Cifras espeluznantes y reveladoras sobre el ensañamiento a periodistas en América, un duro golpe a la libertad de prensa y expresión.


En países de América los crímenes contra sacerdotes católicos y periodistas son frecuentes. La Sociedad Interamericana de Prensa –SIP-, que se encuentra reunida en Argentina, acaba de denunciar que un total de 29 periodistas han sido asesinados este año en América, de los cuales más de un tercio corresponde a México. Igual ocurre con los sacerdotes, México se lleva la palma a causa de la violencia de los narcos y un ingrediente adicional, la impunidad.

El escenario de la ciudad de Salta, donde la SIP comenzó su 74 Asamblea General sirvió para que el presidente de Sociedad y director del diario peruano La República Gustavo Mohme, ofreciera la terrible cifra, detallando que once de los periodistas asesinados este año son mexicanos, seis estadounidenses, cuatro brasileños, tres ecuatorianos, dos colombianos, dos guatemaltecos y uno nicaragüense, sin mencionar que continua desaparecido un fotoperiodista de Haití.

Uno de los principales temas de debate es un problema extremadamente grave e inquietante: la mayor parte de los crímenes contra los periodistas y otros profesionales de los medios de comunicación quedan impunes. En los últimos 15 años, para el año 2014, según el Comité para la Protección de los Periodistas, cerca del 85% de los responsables de asesinatos de periodistas no fueron investigados ni enjuiciados por sus crímenes. Incluso en los casos en que los asesinatos se investigaron más ampliamente y se obtuvieron algunas sentencias, sólo el 7% de los autores intelectuales fueron juzgados.

La situación se torna más grave si consideramos en que México el escandaloso 90% de los casos permanece impune. Desde 2000 viene aumentado el asesinato de comunicadores en México. Ese año se registraron cuatro homicidios; en 2006 y 2008 hubo diez, respectivamente; en 2009 y 2015 se verificó un repunte con 12, y 2016 se convirtió en el período más mortífero, con 13 homicidios. El 2017 contabilizó 10 asesinatos más, según cifras conocidas durante un durante un foro sobre libertad de expresión realizado en la Universidad Autónoma de Mérida, en Yucatán (México).

Según la Organización de Naciones Unidas (ONU) en los últimos once años 930 periodistas han sido asesinados en el mundo por cumplir con su tarea de informar al público. El 90% de los asesinatos queda impune, “lo que daña a la sociedad en su conjunto al encubrir la corrupción, los abusos graves de derechos humanos y muchos otros crímenes”.

Honduras es otro país de América donde los asesinatos cunden y la impunidad campea: el 91% de los 69 asesinatos cometidos en Honduras hasta el 2017 han quedado sin castigo. En 14 de los 18 estados del país se han registrado muertes violentas de personas ligadas a los medios de comunicación, según informe remitido al parlamento unicameral de Honduras por el Comisionado Nacional de Derechos Humanos. Uno de los casos más recientes en ese país centroamaericano ocurrió cuando sujetos armados asesinaron a Carlos Oveniel Lara Domínguez, camarógrafo de un medio televisivo, quien fue interceptado al salir de su casa para ir al trabajo y recibió tres disparos. Hasta la fecha se desconoce el paradero de los homicidas.

En Colombia, la comunera indígena y comunicadora de la emisora Renacer, Efigenia Vásquez Astudillo, fue asesinada en un ataque del Escuadrón Móvil Antidisturbios (Esmad) a la comunidad Kokonuko en Puracé, departamento del Cauca (suroeste).

En Guatemala, alarmó el asesinato de Manuel Salvador Trujillo Villagrán, periodista de la municipalidad de San Jorge, departamento de Zacapa (nororiente), quien fue emboscado y acribillado mientras viajaba en su motocicleta en el kilómetro 149.5 de la carretera local.

Luis Manuel Medina Pérez y Leónidas Antonio Evangelista Martínez, locutor y director de la emisora 103.5 FM respectivamente, fueron masacrados en República Dominicana, por individuos que irrumpieron en la radio mientras se transmitía el programa Milenio Caliente.

Entre los más sonados y recientes casos en México destaca el asesinato del periodista Édgar Daniel Esqueda Castro en San Luis Potosí (centro), tras ser secuestrado y torturado. Fue fotógrafo de temas policiales y había sido sistemáticamente amedrentado por autoridades ministeriales.

Igualmente, el periodista Javier Valdez Cárdenas, corresponsal del diario La Jornada en Sinaloa y del semanario Riodoce, fue asesinado a los 50 años de edad. Un individuo le disparó a pocos metros de su trabajo en el centro de Culiacán. Igual sucedió con la corresponsal de La Jornada en Chihuahua, Miroslava Breach Velducea, de 54 años de edad, quien fue asesinada de ocho disparos cuando salía de su domicilio para acompañar a su hijo a la escuela. La periodista realizaba investigaciones sobre el narcotráfico en esa entidad.

De acuerdo a estadísticas de la SIP, 64 periodistas han sido asesinados en Brasil desde 1987. En enero la SIP condenó los asesinatos de dos periodistas en Brasil, Jefferson Pureza Lopes, de 39 años, conductor del programa “A Voz do Povo” en la radio Beira Rio FM, en el estado de Goiás y, un día antes, fue ultimado su colega Ueliton Bayer Brizon, de 35, propietario del sitio Jornal de Rondônia en la ciudad Cacoal, en el estado de Rondônia.

Aún así, México y Brasil son los países que exhiben la mayor cuota de impunidad.

No huelga recordar el Párrafo 4 de la Declaración de Chapultepec, firmada y refrendada por la mayoría de los gobernantes del continente americano:

“El asesinato, el terrorismo, el secuestro, las presiones, la intimidación, la prisión injusta de los periodistas, la destrucción material de los medios de comunicación, la violencia de cualquier tipo y la impunidad de los agresores, coartan severamente la libertad de expresión y de prensa. Estos actos deben ser investigados con prontitud y sancionados con severidad” .

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