Bendecir la mesa y otros hábitos que no debes abandonar.

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“Ese momento de la bendición, aunque sea muy breve, nos recuerda nuestra dependencia de Dios para la vida, fortalece nuestro sentido de gratitud…”, dice el Papa Francisco en su encíclica ecológica.

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“Bendice, Señor, esta comida que vamos a tomar, para mejor servirte y amarte”: esta era la sencilla oración que nos enseñaron mis padres para bendecir la mesa antes de comer, todos juntos, que éramos un montón. Perfectamente pensada para que hasta los más pequeños pudieran aprenderla y entenderla.

Así dice el n.227 de Laudato si:

“Una expresión de esta actitud es detenerse a dar gracias a Dios antes y después de las comidas.
Propongo a los creyentes que retomen este valioso hábito y lo vivan con profundidad.
Ese momento de la bendición, aunque sea muy breve, nos recuerda nuestra dependencia de Dios para la vida, fortalece nuestro sentido de gratitud por los dones de la creación, reconoce a aquellos que con su trabajo proporcionan estos bienes y refuerza la solidaridad con los más necesitados”.

Al leer este párrafo de la encíclica inmediatamente recordé esa oración aprendida en mi infancia que luego me ha servido toda mi vida, incluso para rezarla interiormente cuando las circunstancias del ambiente no me aconsejan repetirla en voz alta.

Es una fórmula sencilla para que los niños aprendan y los adultosrecordemos que Dios es el creador y dueño, y nosotros administradores de la casa común, Tierra.

La bendición de la comida me recuerda al momento del ofertorio de la Misa en el que se ofrecen el pan y el vino (fruto de la tierra y del trabajo del hombre) que luego se convierten en el cuerpo y sangre de Cristo, en ese “acto de amor cósmico”, como la llama el Papa Francisco en la Laudato si.

En este bendito país, República Dominicana, todavía se mantienen algunas costumbres, con alto raigambre social, que son expresión social de profundas raíces cristianas.

Por ejemplo, los hijos, al saludar a su padre (o a su madre), les dicen:“Bendición padre” y el responde: “Dios te bendiga, hijo mío”.

También es frecuente que al inicio de algunas reuniones profesionales, a solicitud de los asistentes, alguno de los presentes haga una oración en voz alta para pedir ayuda y luces a Dios.

Es muy habitual que cuando se concierta para otro día una reunión o algo parecido, uno de los interlocutores añade: “Si Dios quiere”.

Y,…por supuesto, es muy frecuente que en comidas de reuniones familiares o sociales se haga una oración de bendición de los alimentos y acción de gracias a Dios.

¡Que importante es que desde las familias mantengamos esa sencilla presencia de Dios en lo cotidiano!

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