Un padre se pregunta: ¿por qué mis hijos en la Universidad perdieron la fe?

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El ateísmo reina hoy en las universidades, incluso muchas que se dicen católicas.

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Recibí la carta de un padre de tres hijos, donde me pide alertar a los padres que enfrentan el mismo problema que él con sus hijos. Con su debida autorización la divulgo, sin mencionar los nombres de las personas involucradas. Pienso que es una alerta importante a los padres contra el ateísmo reinante hoy en nuestras universidades, hasta en algunas llamadas católicas.

“Profesor Felipe Aquino:

Antes que nada, espero que la paz del Señor esté con usted. Le escribo para informar de una situación que creo que muchos padres deben estar pasando. Soy de familia católica, criado dentro de las enseñanzas de la recta doctrina que he transmitido, junto a mi esposa, a nuestros tres hijos.

He impartido clases de religión en cursos de catequesis de nuestra parroquia. Crié a mis hijos buscando darles ejemplos de fe cristiana, invitándolos a leer la literatura católica de que trata nuestra fe. Cuando eran chicos, mi esposa y yo leíamos, diariamente, pasajes bíblicos.

Hice que nuestros hijos leyeran la historia sagrada de san Juan Bosco, entre otros muchos libros. Mi hijo más grande, de 21 años, está en el 3er año del curso de Física. El otro, de 19, está cursando el 2º de economía.

Ambos se rebelaron contra la doctrina católica o cualquier otra forma de creencia religiosa. Se declaran ateos y dicen que el hombre puede ser bueno, correcto y actuar moralmente sin necesidad de creer en Dios o en la vida eterna. Hay canallas, dicen los dos, tanto entre los ateos como entre los creyentes, siendo éstos últimos peores, porque hablan de una cosa y actúan de otra. Estados Unidos, dicen, masacró a los negros durante 200 años, a pesar de ser un país cristiano.

Me mostraron un artículo del famoso periodista fallecido, un ateo, publicado en la Hoja de San Pablo, donde escribe que después de haber estudiado en un colegio jesuita, lamentaba haber perdido la fe católica, porque ser católico es fácil, pues después de pecar, basta arrepentirse, confesarse, comulgar, y después cometer los mismos pecados. El periodista escribió que si Hitler se arrepintió de sus crímenes y rezó, debe estar en el cielo.

Mis hijos decidieron hacer aquí en casa reuniones con profesores de física, economía y filosofía, todos ateos. Cuando les prohibí esos encuentros, me amenazaron con irse de la casa. Tuve que ceder. Ellos dicen que debido a la educación que tuvieron estaban alienados. Sólo en la universidad, con acceso a otras lecturas y autores, entendieron que la Biblia es un libro de leyendas, que el hecho de que Jesucristo hubiera existido no quiere decir que existe Dios, que Cristo es Dios hecho hombre, que existe la vida eterna, que Jesús resucitó. Ellos me dicen que, como todo creyente, yo no leo nada que haya sido escrito fuera de mi fe, que si yo leyera sería, por lo menos, invadido por la duda.

Cuando les pedí que leyeran el libro que usted escribió sobre la razón y la religión, me dijeron que no perderían tiempo con un libro que no va más allá de lo que dice el catecismo de la Iglesia, donde no hay libertad de pensar fuera de los dogmas. Para mis hijos, los científicos que se dicen cristianos lo hacen con el derecho que cada uno tiene de creer en lo que le apetece, pero que nadie puede sostener, empíricamente, sus creencias.

Mi hijo más grande dice que las creencias religiosas, como el amor, son ciegas. Dicen que hay científicos que creen en los horóscopos. Dicen que respetan la fe católica de los padres, pero no la aceptan. El más grande da clases de física y matemáticas en un curso pre-universitario y el otro da clases particulares de alemán. Los dos se gastaron su dinero de casi 3 mil reales en la compra de libros de autores ateos.

Lo peor es que la hermana, de 15 años, también se está rebelando por influencia de sus hermanos. Yo no puedo ni hablar de Cançao Nova, pues ella dice que es gente fanática, como los seguidores del pastor Jim Jones. Si monseñor Jones dijera a sus seguidores que se suicidaran, lo harían. ¿Qué puedo hacer, profesor Felipe?”

Esta carta muestra bien lo que la universidad hoy representa para la fe de los jóvenes cristianos, incluso aquellos que recibieron buena formación religiosa en casa. Se nota en las palabras de los jóvenes hijos del autor de la carta, que en la universidad sólo se muestra el ateísmo, y ni siquiera se tiene el cuidado de examinar las razones que unen a la fe con la ciencia; esto es una terrible discriminación contra la fe y contra Dios.

¿Qué se puede hacer? Pienso que los padres necesitan continuar dando buena formación catequética a sus hijos en casa, enseñándoles a rezar también, pues la oración sostiene la fe, especialmente el rezo del rosario todos los días en casa. Nuestra Señora mira la fe de sus hijos.

Y, cuando ellos se vayan a la escuela y a la universidad, continuar el diálogo religioso con ellos, seguir rezando juntos, conversar sobre las cosas de la fe, darles buenos libros, invitarlos a participar de encuentros religiosos, etc. En fin, nunca desistir de llevar a los hijos a Dios. En este sentido escribí libros para los estudiantes: “Una historia que no es contada”; “Por qué soy católico”, “Para entender la Inquisición” y “Ciencia y fe en armonía”.

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