Escuelas vacías y niños “raspando” coca… ¿Hasta cuándo?

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En zonas rurales de Colombia los niños dejan la escuela para trabajar con cultivos ilícitos.

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Tumaco es una localidad del departamento de Nariño, ubicada en el suroeste de Colombia y cerca de la frontera con Ecuador.  Entre sus principales características se destaca  su clima tropical caliente, además de que está habitada principalmente por afrocolombianos y algunos indígenas.

Sin embargo, en los últimos años ha tomado protagonismo el aumento de menores trabajando en cultivos ilícitos en las zonas rurales del municipio debido a la falta de acceso a la educación, indica El Espectador de Bogotá.

La situación es preocupante debido a que para los jóvenes de esa parte de Colombia que han crecido en medio del conflicto armado entre el gobierno y los grupos guerrilleros hablar de coca es tan natural como hablar de cacao.

Por otro lado, es común que cerca de las escuelas y centros deportivos haya laboratorios para procesar pasta base.  El panorama de la presencia de laboratorios y cultivos se repite al lado de las viviendas.

“Pero es duro, porque a uno le toca dormir allá en el monte, y qué tal si aparece un tigre, o vienen los aviones de noche a quemar los laboratorios. Uno vive asustado. Al otro día toca levantarse de mañana, cepillarse, bajar con los costales a raspar la coca. Y así sucesivamente”, cuenta un joven a El Espectador sobre su experiencia de trabajo en cultivos ilícitos.

En esta zona colombiana el acceso a la educación decayó, es discontinua y el tema preocupa.  La situación tiene varias causas pues se suma la poca intervención estatal con el aislamiento de la zona más la falta de docentes. Por ejemplo, en la zona de Peña de los Santos hay niños que hace seis meses no asisten a clases porque no hay docentes, lo que provoca que en definitiva dejan la escuela y se dediquen a los cultivos ilícitos.

Una vez que se acostumbran a esta rutina luego es difícil la vuelta porque empiezan a constatar que la coca es más rentable que el estudio.

“Para eso lo único que se puede hacer es… coca, es lo único que da ingresos. Esa es la realidad, aunque uno sabe en el fondo que para el futuro es mejor estudiar y que estas manos en vez de matas de coca deberían tener un cuaderno”, expresa el joven al mismo medio de forma contundente.

No es reciente, pero sí muy preocupante  

Según la red de Consejos Comunitarios del Pacífico (Recompas), la situación no es exclusiva de esa localidad, ni reciente, sino que se repite desde hace tiempo en más de 190 comunidades de las más de 300 que hay.

Y es que lo que está en juego es el futuro de estos menores que por ahora seguirán sumergidos en la ilegalidad y sin educación.

El Consejo Noruego para Refugiados es una de las organizaciones que trabaja en la zona para promover la educación.  El director para Colombia, Christian Visnes, hizo las siguientes consideraciones en diálogo con El Espectador:

“Durante los últimos años hemos conocido, censado y atendido a miles de menores que por años no habían podido acceder a la escuela debido al conflicto armado. Es fundamental que hoy tengan la oportunidad de recuperar los años perdidos y que la educación se convierta en el medio para promover derechos y proteger sus vidas. Para lograrlo se necesita un esfuerzo enorme por parte de Colombia y una decidida complementariedad de la comunidad internacional”.

La coca y la supervivencia

Son poblaciones enteras en Colombia las que dependen de los cultivos ilícitos para sobrevivir. El tema de estos cultivadores también está vinculado con el conflicto armado y el proceso de paz. Muchos de ellos denuncian que cuando el gobierno estimula las fumigaciones para acabar con estos cultivos en realidad no se golpea a los narcotraficantes, sino que se hace sufrir a los cultivadores. Al no tener alternativas deben buscar otras zonas para seguir cultivando.

En la Habana se negoció el Programa Nacional de Sustitución de Cultivos y eso despierta cierta esperanza, prosigue El Espectador.

“Ahora que hablamos del proceso de paz, tiene que llegar el Estado a las comunidades. Hay que exigirle que nos apoye con proyectos productivos, vivienda, salud, educación, todo lo que le compete y que nunca ha hecho. Los jóvenes quisieran estar estudiando. Queremos salir de la coca, nuestra cultura es otra. Acá se siembra es cacao, plátano, yuca, pero van a seguir sembrando coca hasta que no haya una respuesta inteligente por parte del Estado”, expresó a ese medio uno de los representantes de una de las comunidades afectadas por toda esta situación, Jairo del Castillo.

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