Perdón, Sarita

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¡Perdón Sarita!, y perdón niños y niñas de Colombia: Este no es un país apto para menores de edad, ni siquiera si es vivido en compañía de “adultos responsables”. Perdón adultos por la crudeza, pero las cifras son serias y verificables hasta el punto de que no son cifras: son lágrimas, ignominia y frustración.

Tan solo tres años de edad tenía Sara Yolima Salazar Palacio a quien le decían simplemente Sarita. ¡Qué lindo!, ¡ja!, como si ese llamado cariñoso bastara y correspondiera a su trato real.

Sarita murió en Ibagué el pasado 22 de abril luego de ser trasladada desde Armero – Guayabal (Tolima) ante su grave estado de salud: golpes en la cabeza, signos de desnutrición y de abuso sexual, fractura en un brazo y amputación de un dedo. “La muerte ocurrió por un trauma craneoencefálico. Este ha sido de los hechos más violentos ocasionados en una menor que haya conocido el Instituto de Medicina Legal” dijo Carlos Valdés, director de la entidad. Agregó que “el trauma no fue producido por un golpe, sino por maniobras relacionadas con zarandeo”.

Perdón, Sarita, perdón. Perdón miles de niños y niñas que siguen siendo ignorados, maltratados, abusados, torturados, abandonados, violados y asesinados en Colombia. Pido perdón como miembro de una sociedad que no ha sabido proteger a sus niños ni entender la complejidad de un fenómeno social al que no debemos calificar de problema sino de tragedia continuada. De barbaridad.

Perdón bebé de cuatro meses abusada sexualmente esta semana en el municipio de Fuentedeoro (Meta); perdón Leidy Laura de 15 años degollada en el barrio Aranjuez de Medellín; perdón niño de 11 y niña de 13 años –y madre– asesinados en el barrio El Pesebre de Medellín; perdón a los dos niños asesinados por su padrastro en el Cauca. Estos son los casos de la última semana, los conocidos, pero hay miles de miles silenciados y pregonados en los últimos meses y años. (El primero que yo recuerdo fue en 1967 en Medellín: Germán Fernández Madrid, nueve años, secuestrado y asesinado brutalmente con una piedra).

Según Save The Children Colombia, datos de 2016 del Instituto de Medicina Legal dicen que cada día tres niños son abandonados y dos son asesinados. Y de mantenerse la tendencia sobre abusos a menores de edad en lo corrido de 2017 más de 6.000 niños habrán padecido diversas formas de violencia: 5.520 abuso sexual, 345 abandonados y 230 asesinados.

Y no son solo los niños asesinados o maltratados en casos de sangre y golpes, que llaman la atención porque se sabe su nombre y circunstancias. También son maltratados y asesinados por causa de desnutrición y enfermedades miles de niños en todo el país, sobre todo en la Guajira y el Chocó; los que se extravían o son víctimas de trata de personas -de personitas- ante el descuido de los “adultos responsables”; y, también, los niños y niñas que crecen con traumas y vacíos en el alma por falta de amor.

Esos niños que mueren por desnutrición y enfermedades son víctimas de los corruptos. No se necesitan un arma o golpizas para que mueran porque la corrupción hace las veces de arma o de golpes. Por eso la corrupción es también una forma de violencia así no sea propia de crónica roja.

Dice la directora del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar que “en el año 2016 el ICBF abrió procesos para el restablecimiento de derechos de 11.000 niños que fueron víctimas de violencia sexual y de otros 11.000 víctimas de maltrato infantil… Así mismo, insistió en la cadena perpetua para abusadores sexuales de niños”. También expresó (en otro medio) que en lo que va del año se han presentado más de 2.500 denuncias por abuso sexual de menores. (Ver en página web del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar – ICBF)

Y no puede ser que ante la racha de feminicidios, violaciones, abusos y asesinatos atroces de niñas y niños la única respuesta de muchos sea proponer cadena perpetua o pena de muerte, que no solo son ineficaces sino que distraen la verdad verdadera. ¡Qué forma simple de ver una tragedia social tan desgarradora y compleja! Todos debemos reflexionar, cada uno en su campo, y aportar el grano de arena grande o pequeño que nos corresponde como miembros responsables de una sociedad enferma víctima y victimaria.

¡Perdón Sarita!, y perdón niños y niñas de Colombia: Este no es un país apto para menores de edad, ni siquiera si es vivido en compañía de “adultos responsables”. Perdón adultos por la crudeza, pero las cifras son serias y verificables hasta el punto de que no son cifras: son lágrimas, ignominia y frustración.

Edición 539 – Semana del 28 de Abril al 4 de Mayo de 2017
Álvaro González-Uribe

Abogado, columnista y escritor

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