Monseñor Augusto Trujillo Arango, el gran ausente.

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Le ayudaba mucho su voz timbrada, nítida y sonora. Manejaba magistralmente los tonos bajándolos, subiéndolos o moderándolos según el sentido de la frase.

Los periodistas seguíamos con creciente expectativa e interés su intervención desde el comienzo hasta el final. Aun sin concluir las siete palabras, ya la televisión y la radio molían anticipos de sus planteamientos. Al día siguiente la prensa publicaba apartes del sermón de monseñor Trujillo con titulares destacadísimos de primera página.

Pero Monseñor ya no está con nosotros. El 24 de febrero de 2007 murió en Manizales. El vacío que dejó no lo ha llenado nadie. En verdad que es difícil acostumbrarnos a otra oratoria. Por algo se decía que era el mejor orador sagrado de Colombia y sus alrededores.

Como un homenaje póstumo a quien brilló tanto, publicamos una biografía del prelado, escrita por José Fernando Montoya.

Monseñor Augusto Trujillo Arango

*Santa Rosa de Cabal 5 de agosto de 1922 +Manizales 24 de febrero de 2007

Obispo de Jericó del 24 de junio de 1960 al 20 de febrero de 1970

Monseñor Augusto Trujillo Arango nació en Santa Rosa de Cabal (Risaralda), arquidiócesis de Manizales, el 5 de agosto de 1922, en el hogar de Don Lázaro Trujillo Gómez y Doña Ana Arango Escobar, quienes tuvieron cinco hijos: Hernando (ya fallecido), Monseñor Augusto, Blanca, Miriam y Lía. Fue bautizado el 8 de agosto del mismo año. Se distinguió desde niño como buen escritor y orador.

Los estudios de primaria los realizó en su ciudad natal, los secundarios, en la Escuela Apostólica de los padres Lazaristas de la misma localidad. Sus estudios eclesiásticos los hizo en el Seminario Mayor de Manizales: filosofía (1938-1940) Teología (1941-1944). Adelantó un Doctorado en Sagrada Teología en la Universidad Católica de América en Washington D.C. El Título de su tesis fue: “De Sanctisima Trinitate ac Perichoresi apud Sanctum Fulgentium Ruspensem”. Recibió el grado de doctor en 1945. Fue ordenado sacerdote el 6 de agosto de 1945 en Washington D.C. en la Catedral de Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción de manos de Monseñor Jhon McNamara, Obispo Auxiliar de Washington y Baltimore. Fue Vicario Cooperador en la parroquia de Riosucio (Caldas) en 1947. Prefecto y profesor en el Seminario Mayor de Manizales (1948) y luego Vicario Ecónomo en Génova (1949), Vicerrector del Colegio Arquidiocesano Nuestra Señora en Manizales en 1951 y Rector del Seminario Menor de Manizales en 1955.

El Papa Pío XII lo nombró obispo titular de Nisiro y auxiliar de la arquidiócesis de Manizales el 25 de abril de 1957, siendo en el momento Rector del Seminario Menor y cuando tenía 34 años de edad. Recibió la ordenación episcopal el 9 de junio del mismo año (en 2007 cumpliría sus bodas de oro episcopales).

Juan XXIII lo nombró obispo de la Diócesis de Jericó el 31 de marzo de 1960, de la cual tomó posesión canónica el 24 de junio de 1960. Asistió al Concilio Vaticano II en septiembre 25 de 1962, septiembre 10 de 1963 y septiembre 6 de 1964. El 3 de Agosto de 1969 fue nombrado Administrador Apostólico de la Diócesis de Antioquia, sede vacante, hasta el 14 de abril de 1970, el 14 de diciembre fue nombrado miembro de la Sagrada congregación para la Causa de los Santos. El 20 de Septiembre de 1969 consagró solemnemente la nueva Catedral de Jericó.

El 20 de febrero de 1970, Pablo VI lo promovió a la sede metropolitana de Tunja. Salio de Jericó el 14 de abril de este mismo año. El 1 de Mayo se posesiona en su nueva sede arzobispal de Tunja, donde ejerció durante 28 años, hasta febrero de 1998.

Otros encargos y misiones desempeñados fueron: Visitador Apostólico de Seminarios en Colombia, presidente de la Comisión de Caritas y de Seminarios y Universidades.

Juan Pablo II aceptó su renuncia al gobierno pastoral de la arquidiócesis de Tunja el 2 de febrero de 1998. Al cumplir 75 años, como es costumbre en la Iglesia Católica, renunció al gobierno pastoral y desde entonces vivió con su familia en Manizales durante los últimos nueve años. Quienes lo conocieron dicen que a pesar de ello no se alejó de su vida religiosa, pues en su casa siempre tuvo presente a Dios y la Sagrada Escritura, además participaba constantemente de reuniones y actividades eclesiásticas.

Falleció en Manizales en su casa familiar el sábado 24 de febrero de 2007 a las 8:25 de la mañana, tenía 84 años. Su cuerpo estuvo en cámara ardiente el sábado 24 y Domingo 25 en la parroquia de los Dolores del barrio la Estrella de Manizales, el funeral se celebró el lunes día 26 a las 11:00 a.m. en la catedral basílica de Manizales presidido por Monseñor Luis Augusto Castro Quiroga, i.m.c., arzobispo de Tunja y presidente de la Conferencia episcopal colombiana, quien estuvo acompañado por arzobispos, obispos, sacerdotes, religiosos de diferentes comunidades, así como una gran multitud de fieles. En la ciudad de Tunja, de la cual era arzobispo emérito al momento de fallecer, se realizó la celebración de un Sepelio simbólico a la misma hora, y en la catedral de Jericó el lunes 5 de marzo Monseñor José Roberto López Londoño presidió una solemne eucaristía en sufragio por su feliz resurrección, acompañado por el clero de la ciudad, el seminario Mayor San Juan Eudes y una gran cantidad de fieles que recordaban con cariño al ilustre prelado.

“Creo que la Iglesia no sólo somos los obispos y sacerdotes sino que es comunión de hermanos de manera que los laicos también deben participar, eso sí, respetando el espacio de cada uno. De manera que hoy día la Nueva Evangelización está orientada a preparar a la gente para ser verdaderos cristianos”, afirmaba monseñor Trujillo Arango en una de sus entrevistas al diario “ La Patria” de la capital caldense.

El mismo diario “ La Patria” de Manizales (Caldas), anotaba que la gran mayoría de fieles colombianos lo recuerdan por su celo pastoral y por el Sermón de las Siete Palabras de todos los viernes Santo que se trasmitía por “Caracol radio” para todo el país. Ésta labor la realizó durante 44 años consecutivos hasta 2004, convirtiendo su voz en un símbolo del Viernes Santo. Su voz era reconocida por su elocuencia a la hora de hablar, su claridad frente a la fe y la actualidad de su discurso. El año pasado 2006 acudió a la Catedral Basílica de Manizales para pronunciar las que serían las últimas, y que fueron muy breves. Se distinguió por ser caritativo, buen orador y siempre bien puesto. Los boyacenses lo recuerdan por su calidad humana, humildad, servicio y preocupación constante por las vocaciones sacerdotales y religiosas. En sus predicaciones siempre destacaba la ayuda a los demás, el amor a Jesucristo y a las Sagradas Escrituras.

Varias enfermedades lo aquejaban desde hacia varios años, pero fue un infarto el que le quitó la vida.

El Sacerdote Héctor Giraldo, amigo desde la infancia de Monseñor Trujillo recuerda para el diario manizalita que “La hora más espantosa fue cuando se posesionó en Tunja, fue a visitar los presos de la cárcel, comió con ellos y les llevó regalos. Entre los presos estaban tres personas de Manizales, cuando les preguntó qué había pasado con ellos le dijeron que pagaban una condena por el asesinato de Lázaro Trujillo Gómez (su padre). Él se desmayó y lo tuvieron que sacar de la cárcel hasta el palacio arzobispal”. En Tunja fue extorsionado durante un año por delincuentes, que le sacaron altas sumas de dinero, incluso con amenaza de muerte. “Fue tan duro para él que cayó en una depresión muy profunda durante por lo menos ocho meses”.

La vida de Monseñor Augusto Trujillo, estuvo siempre llena de amor a Dios y al prójimo. El recuerdo del buen orador y de las frases que acercaban más a Dios fueron, entre otras, las palabras que se escuchaban entre quienes acudieron a visitar el cuerpo de Monseñor Trujillo, que fue sepultado en el Cementerio San Esteban.

“Se requería de un muy buen orador para el día de su sepelio, digno de la capacidad oratoria que tenía y que puso al servicio de todas las diócesis del país en las que trabajó”. Con esas palabras comenzó la homilía monseñor Luis Augusto Castro Quiroga, i.m.c., Arzobispo de Tunja, durante las exequias de Monseñor Trujillo, recordó además las cualidades personales y profesionales del ilustre obispo, señalando que las palabras de Trujillo Arango no provenían de su boca: “Hablaba con el corazón, porque desataba fe y pasión, lleno de ternura, de misericordia y de amor a Dios. Hoy ha regresado a la casa del Padre luego de años de entrega. La presencia de gran cantidad de personas en este funeral demuestra la importancia que tenía para esta Arquidiócesis”.

Monseñor Castro Quiroga finalizó subrayando la estima profunda que el desaparecido obispo tenía por la religiosidad del pueblo boyacense y por la población universitaria de Tunja, así como la acción pastoral incansable de esta misma Arquidiócesis. “Fue un servidor bueno; la bondad fue el signo de su vida, pero no por la bondad natural de cualquier persona, sino la bondad del que está unido a Dios, fiel al espíritu del Señor”.

Jericó se hizo presente con una nutrida delegación encabezada por el Señor Obispo, Monseñor José Roberto López Londoño, el párroco de la catedral, el rector del Seminario y el canciller de la Diócesis. Se leyeron varias resoluciones expedidas por las diferentes entidades eclesiásticas y civiles, en las cuales Jericó manifestaba su dolor y sensibilidad frente a tan grande pérdida. Una corona de laurel y la bandera del pueblo que tanto amó, fueron ubicadas frente al féretro de nuestro pastor, amigo y amado obispo.

Mons. AUGUSTO TRUJILLO ARANGO: Quien tomó posesión de la Arquidiócesis el primero de mayo de 1970 (1970 – 1998). Por este tiempo se vive las reacciones y procesos generados por la II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano (Medellín 1968).En el trabajo pastoral de la Arquidiócesis se señala los esfuerzos por tratar de disminuir los distanciamientos:La visita más frecuente del Señor Arzobispo a las parroquias de la Arquidiócesis y su mensaje social a través del Sermón de las 7 Palabras.El intento de Plan de Pastoral desde las Parroquias y Vicarías Foráneas, adelantado entre 1975 – 1976.El propósito del Sr. Arzobispo de atender mejor las parroquias, reduciendo el territorio y creando las nuevas Diócesis de Garagoa y Chiquinquirá.La misión arquidiocesana de preparación al primer centenario de la fundación de la Diócesis (1979 –1980), que propicio una gran movilización de todas las parroquias en torno a este acontecimiento; especialmente la movilización con ocasión de la Coronación de Nuestra Señora del Milagro como Reina y Señora de la Arquidiócesis (Junio de 1980).Los congresos arquidiocesanos de laicos (1982), de catequesis (1983) y de jóvenes (1985).El trabajo de pastoral juvenil y vocacional, familiar, social.

Publicado por S.E.R. JOSE FERNANDO MONTOYA

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