Abolir la pena de muerte y luchar por el clima pide la Santa Sede ​El observador permanente de la Santa Sede ante la ONU exhorta porque los países ricos y contaminadores acepten ayudar a los países pobres para proteger el medio ambiente

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Ante la ONU, la Santa Sede defiende dos temas muy queridos por el Papa Francisco: la abolición de la pena de muerte y la protección de la creación, tema de su próxima encíclica.

La Santa Sede ha lanzado un nuevo llamamiento al mundo para “la suspensión global del uso de la pena de muerte” y “la protección del medio ambiente” para que no sean los pobres los que paguen las consecuencias, informó Radio Vaticano.

Monseñor Silvano Maria Tomasi, observador permanente del Vaticano ante la Oficina de las Naciones Unidas de Ginebra, durante la 28ª sesión del Consejo de los Derechos Humanos sobre la pena de muerte en la ciudad suiza la primera semana de marzo, ha reiterado que es evidente que hoy en día existen otros medios “para defender las vidas humanas del agresor y proteger el orden público y la seguridad”.

Citando al Papa Francisco, el arzobispo afirmó que “la posibilidad de la existencia del error judicial y el uso que hacen los regímenes totalitarios y dictatoriales… como instrumento de represión de la disidencia política o de persecución de las minorías religiosas y culturales” pone en duda la utilidad de este método represivo y contra la vida humana.

Asimismo el Observador Permanente ante las Naciones Unidas subrayó el hecho de que “ningún efecto positivo claro de disuasión resulta de la aplicación de la pena de muerte y que la irreversibilidad de esta pena no consiente eventuales correcciones en caso de errores judiciales”.

El prelado reclamó también “mejorar las condiciones de detención, con el objetivo de garantizar el respeto de la dignidad humana de las personas privadas de su libertad”

Proteger el medio ambiente, un imperativo

Por otro lado, monseñor Tomasi, intervino también el pasado 2 de marzo en la sesión del Consejo de la ONU para pedir la “protección de todos los derechos humanos fundamentales, incluido el respeto al medio ambiente”.

En este sentido destacó tres puntos para alcanzar una justicia común y distributiva: la contribución de todos según las concretas posibilidades económicas y tecnológicas, compartir conocimientos sobre el acceso y la producción de los recursos fundamentales, y acciones por una justicia reparativa.

Por ende, “esto implica -continuó- que aquellos que se han beneficiado más del uso de los recursos naturales y han contaminado más el medio ambiente tienen un deber particular en el trabajo de restauración”.

Por esto, en relación con los daños ambientales, que podría intervenir en el completo goce de los derechos humanos, la Santa Sede -recordó el arzobispo– expresa “aprecio” por las buenas prácticas de realizar “estudios de sostenibilidad” sobre el impacto económico-ambiental y sociales causados en la actividad cotidiana de las empresas.

El tema de los pobres que no tienen por qué pagar los platos rotos de la contaminación fue tocado también por el representante de la Santa Sede. “Es un cuestión de justicia –agregó– ayudar a las personas pobres y vulnerables que sufren por motivos que en la mayoría de los casos no han sido causados por ellos y van más allá de su control”.

Así indicó un paso concreto: poner a disposición de los pobres tecnología y recursos para “atenuar” los daños “causados por la contaminación”.

Por último, se refirió a la Conferencia de París sobre el clima que se realizará en diciembre. “Allí los pobres y los ricos serán vencedores si logramos alcanzar un acuerdo sobre el régimen internacional post-2020, donde todas las naciones del mundo, incluidos los mayores responsables de las emisiones de gas, alcanzaremos un acuerdo universal vinculante sobre el clima”.

sources: ALETEIAa194

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